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¿Estamos desperdiciando el potencial de la tecnología en la salud mental?

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La tecnología ha demostrado, a lo largo de las décadas, su capacidad para transformar distintos ámbitos de nuestra vida, incluida la salud mental. Sin embargo, pese a las numerosas herramientas disponibles y las investigaciones que avalan su eficacia, su uso en este campo sigue siendo limitado. ¿Estamos realmente aprovechando las oportunidades que nos brinda la innovación tecnológica para cuidar nuestra salud mental?

Los primeros pasos: del teléfono a los chatbots

La integración de la tecnología en la atención de la salud mental no es una novedad reciente. Ya en el pasado, profesionales como la doctora Reba Benschoter utilizaron la videoconferencia, a través de un circuito cerrado de televisión, para asesorar a médicos a distancia, superando las barreras geográficas y climáticas. Por otro lado, el teléfono también jugó un papel crucial en la prevención del suicidio.

En 1966, el científico Joseph Weizenbaum creó a ELIZA, uno de los primeros chatbots capaces de simular una conversación, inspirándose en la terapia centrada en el cliente propuesta por Carl Rogers. Décadas después, en los años 90, comenzaron a surgir tratamientos autoguiados a través de ordenadores, permitiendo a los usuarios manejar su ansiedad o ejercitar sus funciones cognitivas. A pesar de estas innovaciones tempranas, la adopción por parte de los profesionales fue lenta y llena de escepticismo.

La pandemia: un impulso forzado a la telesalud mental

Durante años, el uso de tecnologías en salud mental avanzó con timidez, hasta que la pandemia de COVID-19 obligó a transformar las consultas presenciales en encuentros virtuales. En cuestión de días, el 90 % de la atención psicológica pasó a realizarse mediante videoconferencias y llamadas telefónicas, lo que obligó a las plataformas a adaptarse a estrictos protocolos de confidencialidad.

Sin embargo, una vez superada la emergencia sanitaria, el uso de estas herramientas volvió a estancarse. Se desaprovechó una oportunidad única para consolidar modelos híbridos o completamente digitales que, en muchos casos, demostraron su efectividad.

Aplicaciones y herramientas con eficacia probada

Diversos estudios han confirmado que las intervenciones tecnológicas, como la terapia cognitivo-conductual mediante videollamadas, ofrecen resultados similares a las sesiones presenciales, especialmente en trastornos de ansiedad y depresión moderada. Alemania, Inglaterra y Brasil han implementado sistemas que permiten recetar aplicaciones de salud mental, al igual que se prescriben medicamentos.

Además, herramientas como la realidad virtual han mostrado su eficacia en el tratamiento de fobias y trastorno de estrés postraumático, mientras que los chatbots basados en inteligencia artificial han ayudado a reducir síntomas depresivos a corto plazo.

¿Por qué no aprovechamos todo su potencial?

A pesar de las evidencias positivas, el uso de tecnologías en salud mental sigue siendo marginal. La falta de políticas claras, la escasa formación de los profesionales y la ausencia de estrategias definidas han dejado a este sector en una especie de «ley de la selva».

Actualmente, cualquier profesional puede ofrecer terapia por videoconferencia sin conocimientos específicos sobre telesalud, y las universidades incluyen estos contenidos de manera superficial. Solo el sector privado ha apostado con mayor decisión por estas herramientas, pero sin el respaldo de una regulación sólida ni suficientes profesionales capacitados.

Un cambio de enfoque es necesario

Aprovechar las oportunidades tecnológicas en salud mental requiere más que herramientas innovadoras. Es necesario un cambio estructural que incluya formación específica, nuevas leyes que regulen su uso y una estrategia clara de implementación. Las experiencias del pasado y las lecciones aprendidas durante la pandemia no deben quedar en el olvido.

Si no se toman decisiones firmes, seguiremos viendo cómo iniciativas prometedoras se quedan en estudios piloto y proyectos abandonados, mientras desaprovechamos el enorme potencial de la tecnología para mejorar nuestra salud mental.

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