El interés por el ayuno intermitente ha crecido significativamente en los últimos años, no solo como un método para perder peso, sino también como potencial estrategia para mejorar la salud cardiovascular. En este contexto, el grupo de investigación PROFITH CTS-977 de la Universidad de Granada, liderado por el catedrático Jonatan R. Ruiz y en colaboración con varias instituciones, ha explorado el impacto de la restricción horaria de la ingesta. Esta práctica consiste en limitar las horas del día en las que se permite comer, lo que ha llevado a preguntas fundamentales sobre el enfoque nutricional que tradicionalmente se han centrado en cuánto comemos. De esta manera, se plantean nuevas alternativas que se alinean no solo con las necesidades calóricas, sino con nuestros ritmos biológicos.
La obesidad es un problema de salud pública que ha ido en aumento a escala global, asociada a un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares. Ante la dificultad de seguir dietas rigurosas de manera sostenida, el ayuno intermitente se presenta como una opción prometedora, que se enfoca en el -cuándo- comer. Estudios indican que, al restringir la ingesta a horarios específicos, como en las primeras horas del día, se pueden obtener beneficios metabólicos significativos. Raquel Sevilla Lorente destaca que consumir alimentos en la mañana podría ser especialmente beneficioso, sugiriendo que el momento de ingesta juega un papel crucial en el control del peso y la salud.
La práctica de la restricción horaria de la ingesta implica programar las comidas dentro de una ventana temporal determinada, por ejemplo, entre 8 y 10 horas. De acuerdo con investigaciones recientes, como la realizada por el grupo de Jonatan R. Ruiz, las ventanas de alimentación no son iguales y pueden impactar el bienestar y la eficacia del proceso de pérdida de peso. El estudio publicado en Nature Medicine se centró en tres tipos de ayuno: temprano, tardío y auto-seleccionado, cada uno observado a lo largo de un periodo de 12 semanas por 197 participantes con sobrepeso. Los resultados indicaron que todos los grupos que practicaron el ayuno lograron perder peso, apuntando a la importancia de la restricción horaria sobre el total de calorías consumidas.
Los datos recogidos durante el estudio revelaron una pérdida de peso significativa en todos los grupos que realizaron ayuno intermitente, con el grupo de ayuno temprano experimentando la mayor reducción. Este enfoque permitió a los participantes ingerir entre 300 y 500 kcal menos al día, lo que se traduce en una disminución del 20 al 25 % de su ingesta calórica habitual. Además, el control glucémico mejoró considerablemente en los que optaron por el ayuno en la mañana, sugiriendo que ajustar el horario de las comidas puede tener efectos favorables en la regulación de la glucosa. Estos hallazgos demuestran que la restricción horaria no solo contribuye a la pérdida de peso, sino que también puede influir positivamente en aspectos metabólicos fundamentales.
El estudio también abordó el efecto del ayuno intermitente en la calidad de vida de los participantes, mostrando que, independientemente del horario, este enfoque no afecta negativamente el sueño ni el bienestar general. Los resultados indican una alta tasa de adherencia a la metodología del ayuno, con un 85 % a 88 % de los participantes manteniendo la práctica. Esto sugiere que el ayuno intermitente es una estrategia segura y fácil de seguir, especialmente en personas con sobrepeso u obesidad. En conclusión, al restringir la ingesta a 8 horas en las primeras horas del día, se podría facilitar la pérdida de peso y mejorar la salud cardiovascular, sumándose a otras estrategias saludables como la dieta mediterránea.










