Microaspersión para heladas: ¿Cómo protegen los cultivos?

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Las bajas temperaturas se han convertido en una de las principales amenazas para la agricultura chilena, especialmente durante los meses de invierno. Según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa), el país cuenta con más de 400 mil hectáreas de cultivos frutales que cada año enfrentan los riesgos que representan las heladas. Estos fenómenos climáticos pueden comprometer tanto la calidad como la cantidad de las cosechas, con pérdidas que oscilan entre el 60% y el 80% de la producción dependiendo de las condiciones climáticas y del estado fenológico de los cultivos.

Ignacio del Campo, representante de Nelson Irrigation para Latinoamérica, explica que una helada se produce por la rápida pérdida de calor acumulado por el suelo durante el día. Esta pérdida está vinculada a las condiciones meteorológicas, donde cielos despejados y la ausencia de nubes permiten que las temperaturas desciendan drásticamente por la noche. Tal fenómeno tiende a ocurrir después de días de lluvia, cuando los niveles de temperatura y humedad disminuyen considerablemente, generando un alto riesgo para la agricultura.

El impacto económico que generan las heladas es significativo, especialmente para cultivos de alto valor comercial, como los paltos. Un solo episodio de temperaturas bajo cero puede afectar no solo la producción de fruta actual, sino también las yemas que darán flor en la siguiente temporada, lo que conlleva potencialmente a la pérdida de dos cosechas consecutivas. Con esto en mente, es fundamental contar con estrategias efectivas para mitigar los efectos adversos de estas condiciones climáticas.

Las tecnologías de riego por microaspersión se presentan como una solución efectiva para proteger los cultivos de las heladas. Max Amenábar, gerente de proyectos de la empresa Dripsa, señala que este sistema actúa como un «abrigo» para los cultivos, ya que al convertir el agua en hielo se libera calor, creando una protección natural. Este mecanismo de riego necesita ser aplicado de manera continua durante la noche para resultar eficaz, ya que una interrupción podría provocar un enfriamiento adicional y mayores daños a las plantas.

En Chile, el desarrollo de sistemas de microaspersión ha sido favorecido por las características climáticas de la región, donde las heladas tienden a ocurrir en horas específicas de la madrugada. Esto ha permitido a los agricultores adoptar soluciones más eficientes con un menor uso de agua. A pesar de que aún existen mitos sobre los costos y la complejidad de estas tecnologías, se ha demostrado que muchos productores pueden adaptar sus sistemas de riego existentes para incluir microaspersores, ofreciendo así una oportunidad más accesible para proteger las cosechas y mejorar la resiliencia ante el cambio climático.

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